Friday, February 23, 2007

Buenos modales



No me pregunten por qué, pero en este momento estoy en la lejana Patagonia. Y en verdad estoy bien feliz por ello. Respirar cada día toda la nata de mierda que flota en la ciudad de México había perjudicado mi sistema respiratorio y hacía tiempo que tenía planeado realizar un retiro espiritual, pero la experiencia ha rebasado los planes y de vez en cuando me inunda la sensación de estar soñando. También deberán perdonarme si tardo tanto tiempo en escribir un post (más de lo normal) y aceptar que es más gratificante nadar en lagos cristalinos que imprimir la silueta del culo en una silla aplastado frente a una computadora. Por ahora he despertado a la puerta de un café internet y aprovecharé la ocasión para contarles una nueva historia a los ociosos que leen todas estas pendejadas quizá no tan pendejas.

En fin, no crean que este viaje me ha vuelto más hippie. De hecho me baño con más frecuencia y hasta uso desodorante. Tampoco crean que se me ha quitado lo maldito. El otro día me metí a un barquito que se abría paso por uno de los brazos del Nahuel Huapi hasta puerto Blest. La embarcación estaba hasta el culo de turistas descerebrados y todos tiraban la basura como si estuvieran en su casa. ¡Depredadores hijos de la pinga que no les importa nada más que su comodidad! Luego me vi en la necesidad de arrojar por la borda a un señor que nos pegaba a todos con su videocámara a fin de inmortalizar el momento en que unas gaviotas se comían las galletas que su hija les ofrecía. El gordo chancletudo protegió prioritariamente su cámara y como no sabía nadar se hundió y le dio hipotermia con tanta agua helada y se lo comieron las gaviotas. La niña no se dio cuenta y todo el viaje anduvo preguntando por su padre pero nadie sabía contestarle. Después ideé un plan para alejarme de los veraneantes. En Blest hay un sendero dentro del bosque valdiviano que tiene 700 escalones. A la mitad hay un salto y al fondo un alerce antiquísimo. Yo contaba con dos premisas: 1. Que los viejos y los jóvenes de músculos inactivos avanzarían a una velocidad menor y algunos no podrían con tantos escalones. 2. Que dado que el turista promedio está condicionado a seguir instrucciones, era improbable que alguno pensara en ir al alerce primero y luego a la cascada.

Mi ruta fue diferente y los resultados contundentes. En vez de meterme a la cascada me seguí directo hacia el viejo árbol. Tuve tiempo para abrazarlo y escuchar sus cuentos antes de que llegara la oleada de turistas. Luego bajé hacia la cascada y el mirador estaba desierto siendo que unos minutos antes los soportes estaban a punto de ceder frente al peso de 100 cuerpos gelatinosos. Luego me metí a un sendero que tardaba una hora en llegar a la desembocadura del río Frías y que estaba plagado de moscas hambrientas gordas como pasas y grises como el cemento. El viaje se podía hacer en barco así que supuse que muchos desertarían de la aventura boscosa. Y así fue. Turistas menos, corazón contento. A la mitad del camino salí a una playa exótica. Las aguas eran hipnotizantes y me encueré y me di un chapuzón. Algunas turistas se asustaron al ver mi culo desnudo y salieron corriendo. Turistas menos, corazón contento. Finalmente estaba solo. Me sentía un ermitaño y decidí almorzar ahí en las piedras. No llevaba ningún utensilio así que partí el jitomate con las manos, desgarré unos bolillos y pelé el aguacate con las uñas. Le di unas mordidas y escupí el contenido en mi torta como si fuera un águila alimentando a sus polluelos. Lo probé. La verdad es que he logrado desarrollar un goce por la buena comida independientemente de su apariencia, pero esta vez me pasé de la raya. No exagero si digo que fue una de mis mejores comidas en la vida, con todo y las manos enlodadas. Luego fue preciso volver atrás y recordar aquella comida de puta madre con Rata y Besos en la colonia Guerrero. En realidad íbamos buscando una pulquería pero fue un día muerto y todo estaba cerrado. Optamos por comprarle arroz y huauzontles a una señora indígena y juntar un poco de tortillas, salsa frita y nopales. Encontramos un local desocupado de la Liconsa y nos sentamos a comer en el piso, con las manos sucias. ¡Qué buena comida, carajo! La gente que circulaba por el Eje 1 se detenía y nos miraba con asco, se hacían los desentendidos y si llevaban de paseo a sus peques les tapaban los ojos. Lo siguiente fue tremendo: por la acera pasó un niño de la calle con los ojos inyectados de activo, quien nos vio almorzando a la intemperie y nos dijo PROVECHO y entonces le ofrecimos llevar itacate y nos dijo que ya había comido y se sobó la panza con satisfacción. Siguió su camino hasta el crucero donde había más chamacos sentados sobre un sillón raído. Vaya, vaya con esta lección de moral y buenas costumbres. El chico jodido resultó ser no sólo el más afectuoso con nosotros, sino el más educado. Los otros culeros, en cambio, se jactan de correctos mientras se limpian el culo con sus costumbres cristianas... De vuelta al sur me tumbé un rato a dormir y luego regresé al barco. Me dieron ganas de echar la meme después de tan suculentos manjares. Cuando estaba a punto de caer dormido, un turista se me acercó y me dijo que tenía migajas en la barba. Sonreí y le di las gracias.

Sunday, February 04, 2007

Toros sí, toreros no


Hace casi un año sucedió algo macabro. Comparado con Atenco o con la cruzada para desarticular a la APPO fue una anécdota imperceptible en los diarios y una historia fácil de olvidar, lo entiendo perfectamente. Pero leyendo los hechos en retrospectiva, se pueden sacar muchas conclusiones.

En el corazón de la colonia Nápoles hay un sitio donde se congregan seres llenos de maldad que se retuercen gozando con el sufrimiento ajeno. Me refiero a la plaza de toros. Estas personas, perfectos ejemplos del típico hijo de puta (hipócritas pusilánimes fascistas ignorantes clasemedieros con aspiraciones a más), celebran cada año una fecha de suma importancia. El 5 de febrero es el aniversario de la plaza de mierda y con fidelidad religiosa, se apresuran a conseguir botas de cuero y sombrero de charro y los miras a los gachupines ahí parados con el pecho para afuera comprando boletos con sus hijos que aprenden desde pequeños que no hay nada malo en torturar a un toro y reír de su agonía. Tampoco faltan las estrellas de la farándula y alguna que otra figura de la vida política, que encuentran erudita y onerosa esta clase de pasatiempo. Creo que no tiene sentido argumentar si es buena o mala la tauromaquia. Está claro como el agua que sólo una mierda insensible es capaz de maltratar a un animal por diversión o ver cómo lo maltratan y divertirse. Si crees que hay algo de bueno en la tauromaquia o de valentía en el oficio de torero, pues te comento que eres un hijo de puta y te recomiendo que revises en google “corridas de toros y tortura previa a la fiesta” o que te leas Toros sí, toreros no de Rius. También te suplicaría que no intentes huir si algún día alguien llega a darte estocadas en la espalda y a cortarte las orejas, porque bien sabes que el que se lleva se aguanta.

La cosa es que también el 5 de febrero se concentran otros tantos a las afueras de la plaza para manifestarse en repudio a la fiesta criminal. Los manifestantes son escasos y las razones que los motivan son muchas y a veces contrastantes. Algunos realizan varias actividades por la liberación animal más allá de la coyuntura y del lugar. Otros nunca han oído la palabra especismo pero se unen a la protesta por apoyo moral. Algunos se dedican a inyectar veneno en las carnes empaquetadas de los supermercados y a volar en pedazos sucursales de Mc’Donalds y otros más se manifiestan y después se dirigen a comer unos tacos de carnitas. También hay afiliados a sociedades protectoras de animales e individuos que van por su cuenta y en representación de nadie más que de los toros. La protesta como acto público tiene sus fallas, sus contradicciones y sus impactos. Los activistas en México son pocos y mejor no hablemos de la cultura del respeto o de la acción directa que en nuestra sociedad son palabras pronunciadas azarosamente en comparación con expresiones como “pinche árbitro vendido” o “cámbiale a otro canal”. De hecho creo que el sistema ha sabido recibir sin muchos daños las protestas en general, desde que aprendió la lección de Seattle. Así que es necesario reformular las tácticas y renunciar a la idea de que un decálogo solucionará los inconvenientes. A mi parecer esto se construye en gran medida a través de la práctica aunque resulta básico la planificación previa y la coordinación porque, si bien nuestros medios jamás se podrán comparar con la infraestructura y las redes de comunicación del sistema, tenemos la ventaja de que nuestras acciones no son burocráticas ni impersonales. En todo caso, la principal lección que me deja mi experiencia es que el acto no debe quedarse en la protesta, sino en lo que haces todos los días. La vida diaria requiere ser protesta cuando vives en un sistema que pretende aniquilar a las mentes inquisitivas.

Volviendo al inicio, hace un año sucedió algo macabro y fue que tras juntarnos en el parque hundido e improvisar unos carteles, cuando nos dirigíamos a la plaza nos detuvo un contingente de granaderos. La protesta ni siquiera había iniciado, éramos unas 100 personas, se había anunciado como un acto pacífico y los culeros ya incitaban a la provocación. De Insurgentes nos desviamos por unas calles interiores y, oh sorpresa, de pronto nos encontramos sitiados en un cruce con tres paredes de tiras flanqueando las tres salidas posibles. Se perdió una medio hora pero nada indicaba que nos dejarían llegar a la plaza hasta que el público se sentara en sus butacas a ver la matanza. Tuvimos que abrirnos paso a través de los granaderos por la fuerza. Hubo enfrentamiento pero logramos romper uno de los cercos. El grupo se dividió en dos y finalmente accedimos separados a la rotonda. Protestamos un rato y después nos volvieron a atacar hasta desintegrar a los grupos y detener a unos cuantos. Como decía anteriormente, Atenco y Oaxaca fuero de una magnitud sin precedentes pero desde entonces se vislumbraba una intolerancia del gobierno foxista hacia las masas sublevadas.

El lunes se repetirá el acto y convoco a los lectores a unirse al contingente. Creo que una de las razones por las que mandaron a los tiras fue para intimidarnos y anticiparnos que en 2007 se repetiría la represión. En todo caso hay que estar preparados.

http://www.antitauromaquia.org/index.php

Punto de reunión: Reloj del Parque Hundido.
Hora: 12:30 a.m
Día: lunes 5 de febrero
Acceso: Parada Parque Hundido de Metrobus. Insurgentes Sur. Colonia del Valle

El evento dará inicio a las 12:30 a.m. en el Reloj del Parque Hundido.
A partir de la 1:00 p.m. se celebrarán talleres para niños y miembros del Frente expondrán las razones para estar en contra la de tauromaquia.

A las 2:30 p.m. se colocará una valla humana sobre un carril de Insurgentes, desde el Parque Hundido hasta el área verde que está en Suburbia (eje 6). La valla ocupará un carril de norte a sur durante aproximadamente 90 minutos y en una extensión de medio kilómetro.

Existirá coordinación con las autoridades del Gobierno del Distrito Federal para evitar, en la medida de lo posible, afectar el tránsito. Usaremos nuestro derecho legítimo y constitucional de manifestación. A lo largo de la valla humana se portaran carteles y se repartirán folletos para informar a la gente sobre lo que sucede en las plazas y cómo podemos ayudar a evitarlo.