Thursday, July 26, 2007

La humanidad no está preparada para leer La venganza de los malditos



¡Oh, tecnología de inaccesible lógica que gentilmente nos confieres avatares vastos a los que osamos caminar por tus sendas virtuales!, ¿qué he hecho para recibir 12 comentarios en el post más joven de mi humilde blog? ¿Acaso fueron mis súplicas sumisas suficientemente animosas para conmoverte? ¿Acaso te tenía (esto no me lo podría perdonar jamás) hasta la punta de los cojones con tamaño caudal de deseos inmerecidos y decidiste compartir tu bendita gloria para materializar mis sueños y callar mi boca? ¿O acaso es un signo que he de interpretar como la culminación de mi microscópica misión en la vida y en el tiempo, un estigma de los que son tocados por las cálidas yemas de la popularidad? (se acaba el trance y regreso a mi miserable condición de humanoide con los boxers salpicados y la terrible sensación de vulnerabilidad).

Después doy click al botón activo que solicita un nuevo html para desglosar el contenido de los 12 comentarios y descubro que no soy famoso ni mucho menos. Un lector anónimo que anda haciendo campaña contra los que hemos sido contagiados por el “mal endémico” no sólo se ha ofuscado por mis impertinentes observaciones y mi conducta deplorable, sino que ha decidido analizar mis errores puntualmente y proponer una vía de acción más coherente. Gracias. Lo tomaré en cuenta. La crítica es indispensable en cualquier circunstancia y suele ser más benéfica que los aplausos. De hecho, esporádicamente brillan argumentos convincentes. Lo único que me causa incomodidad son las razones que motivan la crítica, las razones que yo creo que motivan la crítica, hipótesis desechables a fin de cuentas. Creo que la gente en general sigue siendo susceptible a cualquier cosa desagradable que atente contra su moral. Y el problema es que no se trata de su moral, sino de la moral en turno. Drogados por los parámetros sacros de bondad y maldad, nuestro espíritu rebelde se va al carajo. Incluso la gente que se adjudica el título de revolucionario insobornable (no pretendo incluirme) reproduce sin cuestionamiento alguno esa moral que descansa en la estupidez y la voluntad de poder, o sea, en los dos factores que nos definen como especie. Queremos alzar la voz y ni siquiera hemos concebido la idea de escapar de la jaula apolínea. De la jaula homínida. Somos un sujeto histórico deplorable, hay que entenderlo cuanto antes. Le hemos dado la espalda a la naturaleza y una vez que todos nuestros predadores fueron domeñados, nos inventamos uno nuevo: la racionalidad. Ésta, junto con la ciencia, la evolución y todo aquello de lo que nos solemos jactar son nuestra derrota. El abismo de lo que es más real que lo real nos seduce, la magrura de nuestros cuerpos nos repugna. La técnica, poder a fin de cuentas, desde sus inicios más antropológicos estuvo al servicio del hombre masculino y en base a ese poder se ha constituido nuestra historia: una gran pocilga. A lo que voy: ninguna crítica tiene ese momento de crisis en tanto reproduzca los mismos signos que han dado pauta a que nazca la crítica, si no es crítica de pocilga. Hay que destruir verdades, hay que filosofar a martillazos. Suponiendo que lo consigamos, les aseguro que desmantelar el resto va a ser cosa fácil.

Y bueno, luego está alter-guama dentro de este caos domesticado. Por el amor del dios barbado, parece que ustedes le dan más importancia a mis textos que la que yo les doy. Sería un imbécil si pretendiera defenderlo como el borrego negro del rebaño, pero por fortuna existe la ironía (nada más llegar al mercado dan ganas de volverse a la montaña). Y luego llegan mentes sabias a desearle lo peor a mi ano peludo por enseñarle a los niños a robarse aguacates. Por favor. Este blog de mierda no es un puto manifiesto, no es la llave maestra a ni madres. Es simplemente el contenedor de desechos que utilizo cuando no tengo nada que hacer, cuando mis cojones están rojos de tanto rascarlos. Inevitablemente tiene un sentido de ser, pero digamos que no es el proyecto principal dentro de mi agenda. En su punto más abarcador responde al impulso de expresión, de exprimir, de vomitar. En el punto más agudo, a la necesidad de reír. En medio: dilucidar vías alternas, asesinar dogmas alternos. Y hasta ahí. Por mi parte, punto y aparte. Si no les convencen mis argumentos pues miéntenme la madre y que tengan suerte en su empresa insurgente. Yo no se las voy a mentar.

Epílogo A:

Dejen ya de buscar ídolos porque terminaran ahogados en el lodo. Dejen ya de decir verdades porque la mentira los consumirá.

Epílogo B:

Lamentablemente yo y mi querido amigo anónimo y todo aquel que tenga la capacidad de interpretar signos alfabéticos acomodados de acuerdo a leyes gramaticales de un lenguaje específico proyectados en una pantalla que soporta el haz de electrones que escupe un tubo de rayos catódicos, terminaremos (si bien nos va) revolcándonos bajo la certeza de que somos demasiado humanos para librarnos de la maldición del signo. Demasiado humanos.

Tuesday, July 17, 2007

El fin de mi carrera delictiva



Eso. Mi carrera delictiva ha terminado. Todo sucedió así: me metí al Superama de mi barrio burguesote y, de acuerdo con mi rutina criminal, caminé hasta la zona de vegetales. La isla de aguacates estaba repleta y comencé a catear sus texturas. La mayoría estaban o verdes y duros o pasados y hechos papilla con la mierda saliéndoseles. El kilo cuesta $38 y ni por eso puedes confiar en que encontrarás algo medianamente comible. Agarré el más decente entre toda una centena y sin molestarme por colocarlo adentro de una bolsa, caminé hasta los chiles serranos y elegí el que tenía pinta de ser más bravo. La imagen del guacamole ya había tomado una forma concisa en mi mente. Comencé a producir saliva en exceso y unos gargajos se me escaparon de la boca. Sólo restaba añadir el farol y como me apetecían unos buenos tacos, pues que pongo en el carrito medio kilo de tortilla de maíz que parecía más bien de cemento. Tengo perfectamente ubicadas las cámaras de seguridad y conozco los sitios que quedan fuera de su ojo insomne. Avancé por un pasillo específico pretendiendo interesarme por las servilletas que están de oferta y, con la velocidad del rayo, el aguacate y el chile desaparecen de mi mano y un bulto descomunal se insinúa bajo mis bolsillos. Me hago pendejo por unos segundos y luego, con el rostro sereno, comienzo a silbar la macarena hasta llegar a las cajas. Como un buen cliente, pago mis tortillas Apasco y le doy unos peniques al cerillo. La salida está cerca y los rayos benévolos del sol pintan de amarillo las lozas de linóleo. Ya casi llego. De pronto, una mano se posa en mi hombro y ya comienzo a intuir que me cargó la verga.

Era el guardia del Superama, un señor chaparro de piel rosada y labios como de vulva que ya había visto mientras elegía las tortillas. El hijo de puta me había seguido, conocía mis intenciones y había calculado todo para atorarme a la salida. Me pregunta que si no se me olvidó pagar nada y le contesto que como qué. Me dice que por ejemplo un aguacate y entonces saco el que me metí en la bolsa y le pregunto que si no será aquel. Me dice que sí, que era ese, y luego me pregunta que si fue todo lo que olvidé pagar o que si hay más y ya con tristeza evidente, le pongo el chile serrano en su mano rosa. Me sonríe y me da unas palmaditas en la espalda, lo que equivale a haber dicho: espero que hayas entendido la lección, gusano muerto de hambre, vuélvete a parar por mis dominios y el aguacate terminará en tu culo. Me apetece darle las gracias por haberme aguado mi almuerzo, pero tampoco quiero tener pedos, así que me voy echando leches y lo dejo con su victoria y su rosez.

Mientras camino hacia mi casa evalúo la situación. Me quedé sin guacamole y ahora tengo medio kilo de cemento para comer. Pudo haber sido peor. De haberme querido joder, lo hubieran podido hacer, al fin y al cabo era despojo a la propiedad privada. ¿Qué se traen entre manos? No sé, igual y fue tan rápido o tan insignificante o tan insólito (¿cuántos culeros se arriesgan a ser capturados por un puto chile que pesa 10 gramos?) que no pudieron hacer más. Pero en términos monetarios, gracias a las tortillas, ellos terminaron con una ganancia de 2 ó 3 pesos y no de menos 6 ó 7, como hubiera deseado. La cosa va más lejos. Ya había meditado sobre mis frecuentes hurtos (nunca pasaron de aguacates, chiles, jitomates y alguna vez champiñones, aclaro) al hijo bastardo de Wal Mart. Lo que pasa es que soy un maldito devorador con alma de gordo. Y si hay algo que me hace perder la cabeza es el aguacate. Soy un comedor insaciable de aguacate en todas sus presentaciones; en salsa, machacado, en taco, con sal y con cuchara, sin sal y con cuchara... poco falta para que me trague su semilla. Así pues comprenderá el lector que, teniendo la facilidad de conseguir aguacates gratis, mis viajes a Superama se volvieron cada vez más frecuentes. Y este hecho fue lo que me puso a recapacitar aún antes de que mi carrera delictiva concluyera trágicamente. Cierto es que a los pendejos les chingué de a poco unos buenos kilos de aguacate, pero también, y en proporción directa, les compré faroles que en condiciones normales no hubiera comprado. No importa que fueran 2 varos de tortilla o un bolillo. Les intercambiaba monedas por productos, y eso es lo que sostiene a cualquier negocio, incluidas las monstruo-tiendas. Esos mierdas ya tienen contemplada la merma, incluso la mercancía robada y lo importante es que su caja registradora se trague el dinero de los demás. En última instancia el beneficio real era para mi solo, un detalle muy egoísta, y hubiera valido mucho más si mis tesoros hubieran sido destinado al pueblo hambriento, a la Robin Hood. Así pues, la solución lógica era abandonar la senda de los delincuentes y unirme a la de los lanzadores de proyectiles inflamables. Ya sabes, acción directa. (Hasta un ladrillo de tortilla sirve para romper ventanas.) Y claro, hacer buen uso de esta mierda de blog. Por ahora les dejo estas ligas pa que dejen de comprar en Wal Mart y sus filiales. No sean gachos, apoyen al pequeño comerciante.

Abusos de Wal-Mart
WalMart niega los derechos laborales básicos a sus trabajadores
Organic Consumer Association
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El libro negro de las marcas
Protesta contra Wal-Mart en Corea